Ayúdate, Ayúdanos (Grupo de Autoayuda)

ESTE GRUPO DE AUTOAYUDA ESTÁ DESTINADO A PERSONAS CON CONDUCTAS ADICTIVAS (ALCOHOL, OTRAS DROGAS Y ADICCIONES SIN SUSTANCIA). A CONTINUACIÓN TIENES LA INFORMACIÓN SOBRE CÓMO FUNCIONA. SI TE INTERESA PARTICIPAR PONTE EN CONTACTO CON NOSOTROS. ¡MUCHAS GRACIAS!

 

PROYECTO FACOMA RED CAPA- AYÚDATE-AYÚDANOSINDICE

¿Qué es FACOMA RED CAPA?

¿En qué consiste el Programa Ayúdate-Ayúdanos?

¿Qué es para nosotros la adicción al alcohol?

¿Cómo llega una persona a desarrollar la adicción al alcohol?

¿Cuáles son las fases  fundamentales de nuestro programa para las personas con adicción al alcohol?

¿Cuáles son las fases fundamentales  de nuestro programa para las familias con adicción al alcohol?

FACOMA RED CAPA y el sistema sanitario y sociosanitario de la Comunidad de Madrid

 

¿Qué es FACOMA RED CAPA?

Es un grupo de asociaciones de pacientes y familiares de personas con dependencia del alcohol y otras sustancias, con más de 30 años de historia,  distribuidas por toda la Comunidad de Madrid que comparten los siguientes objetivos:

  • Alcanzar y mantener la abstinencia como forma de evitar muchas de las complicaciones ocasionadas por el uso del alcohol u otras drogas.
  • Favorecer que los integrantes del grupo consulten con los médicos y especialistas que atienden a pacientes con adicción al  alcohol para llevar a cabo el diagnóstico de las diferentes patologías presentes en el sujeto.
  • Utilizar las experiencias de los integrantes del grupo como instrumento para conocer su propia enfermedad  y para poder evitar las recaídas. Entender que los testimonios de los otros integrantes del grupo pueden servir de ayuda para mantener la abstinencia.
  • Cambiar los hábitos relacionados con el consumo de alcohol por hábitos saludables que contrarresten el deseo de volver a beber ante una posible situación de riesgo.
  • Profundizar en el conocimiento personal para poder detectar y evitar las posibles situaciones de riesgo.
  • Mejorar las relaciones familiares que puedan estar deterioradas como consecuencia de la enfermedad.
  • Favorecer el crecimiento personal  a través de las experiencias vividas en el grupo y reconocer el valor de la humildad frente a las sustancias de la que se depende, la importancia de ser constante en acudir a las terapias, el compromiso de ser sincero con el grupo y los allegados.
  • Colaborar con las entidades  sanitarias,  sociosanitarias y de otra índole de la Comunidad de Madrid para favorecer las actividades  prevención, mejorar el tratamiento y la rehabilitación  de pacientes y familiares de dependientes del alcohol,  así como promover el estudio y la investigación de  aquellos aspectos relacionados con la adicción al alcohol.

 ¿En qué consiste el Programa Ayúdate-Ayúdanos?

Nuestro proyecto consiste en un programa basado en la autoayuda para personas de adicción al alcohol y para sus familiares adultos, así como en la colaboración con el sistema sanitario y socio-sanitario para que de forma sinérgica se mejore la recuperación de las familias en las que exista una persona con adicción al alcohol. Son las personas que acuden a los grupos de autoayuda nuestra principal preocupación y contamos con el apoyo de médicos, psicólogos, trabajadores sociales y otros profesionales que colaboran con nosotros en este proyecto.

Nuestros grupos de ayuda mutua no son una la alternativa a los tratamientos que el sistema sanitario ofrece a las personas que tienen problemas con el alcohol, sino el complemento de dichos tratamientos.

Nuestros grupos ofrecen la posibilidad de poder llevar a cabo un proceso de crecimiento personal que nos permite adquirir los  valores necesarios para el desarrollo de un nuevo proyecto vital y podamos  liberarnos de la necesidad de beber.

En el caso de los familiares que conviven con nosotros, los grupos de autoayuda facilitan que puedan  entender las consecuencias que el alcoholismo tiene en los otros componentes de la familia y la necesidad de aprender a cuidarse  para poder salir del bloqueo familiar y personal provocado por la adicción al alcohol.

Las personas integradas en el Programa no tienen que pagar ninguna cuota por recibir ayuda en estos grupos. Los profesionales que colaboran o se coordinan con nosotros lo hacen de forma altruista.

¿Qué es para nosotros la adicción al alcohol?

La adicción al alcohol la entendemos con un trastorno bio-psico-social. Los conocimientos científicos así lo han demostrado, y una de las características de este trastorno es la dificultad del individuo para poder controlar el consumo de alcohol. Algunas personas equiparan de forma equivocada la adicción al alcohol con la cantidad de alcohol consumida. No es así: se puede beber una elevada cantidad de alcohol y no ser adicto. A nuestros grupos han acudido personas que no bebían cantidades importantes  e incluso no bebían todos los días, pero lo que era común a todos era el hecho de perder el control sobre el consumo: habían dejado de beber cuando ellos querían. Habían perdido su libertad frente a la bebida.

En los últimos años acuden personas que beben fundamentalmente los fines de semana. Muchos tienen problemas legales por haber conducido el coche bajo los efectos del alcohol. Otros han tenido, además, problemas con la familia en forma de discusiones o complicaciones médicas. Lo que caracterizaba a estas personas era el hecho de seguir bebiendo a pesar de las complicaciones que el alcohol les provocaba y el haber intentado disminuir el consumo o suprimirlo  en varias ocasiones, a lo largo de su vida. Estas personas eran capaces de estar semanas o meses en abstinencia pero cuando volvían a tomar alcohol aparecían nuevamente los problemas. Esta forma de presentación en nuestras Asociaciones es típica de los jóvenes de ambos sexos.

Por supuesto,  bastantes de las personas que solicitan nuestra ayuda tenían manifestaciones clínicas del síndrome de abstinencia: ansiedad, temblores en las manos a primera hora de la mañana que desaparecía tras consumir alcohol. Se trata de personas que llevan meses intentado dejar de beber, que sufren por no conseguirlo. Cada día se prometen que será el último,  incluso muchos ellos no beben alcohol en casa,  pero que por no pedir ayuda van  postponiendo su decisión de parar de beber.

 ¿Cómo llega una persona a desarrollar la adicción al alcohol?

A lo largo de estos años, hemos podido  distinguir 3 etapas fundamentales entre quienes han pasado por nuestras Asociaciones.

Etapa de en la que se inicia el consumo por curiosidad. Este periodo suele trascurrir durante la adolescencia y en la mayoría de los casos el sujeto se encuentra dentro de un grupo de jóvenes que se inician en el consumo como una conducta más de su grupo de referencia. Beben para ser uno más, para experimentar, por la curiosidad de saber qué es aquello.

Muchos reconocen que no les gustaba beber,  pero que era lo que hacía el grupo y ellos no querían ser menos. Posteriormente, beber alcohol  se convierte en un hábito que se pone de manifiesto cuando se juntan los amigos. Algunas personas se dan cuenta que se sienten más desinhibidos, más relajados y más alegres cuando están bajo los efectos del alcohol. Tras varios años de consumo algunos  empiezan a notar que, cuando están con el grupo,  prefieren “coger el punto”, estar bebidos,  en lugar de “sobrios”. Es entonces cuando reciben alguna llamada de atención por parte de algún buen amigo o de la familia. En algunos casos siguen permaneciendo en el grupo de referencia, pero no es extraño  que busquen otro grupo donde no llame tanto la atención su forma de beber: son capaces de aguantar más que otros compañeros los efectos de la bebida.

Etapa de beber para buscar los efectos. Bastantes  sujetos son conscientes de que con el tiempo, empieza a haber una extraña relación entre el consumo de alcohol y ellos mismos, pero “no hay peor ciego que el que no quiere ver”: creen que no tienen problemas y que ellos controlan. Además, al salir con amigos que beben como él, su forma de beber pasa más desapercibida. Se dan cuenta que su relación con el alcohol “solo la entienden sus amigos y nadie más”, pero siguen pensando que a ellos no les pasa nada. Los estudios científicos señalan que el alcohol ha sido capaz de deteriorar determinadas áreas cerebrales determinantes para el  juicio, la toma de decisiones, el aprendizaje, la memoria y el control del comportamiento. Los científicos creen que estos cambios alteran la forma de funcionar del cerebro y pueden explicar los comportamientos compulsivos y destructivos que resultan de la adicción.

 

Dependencia o adicción al alcohol.  Casi todos los que vienen a nuestras Asociaciones han perdido sus “verdaderos amigos”. Tienen lo que llamamos “amigos de barra”, que están con nosotros porque bebemos como ellos y no nos dicen nada sobre la bebida porque ellos tienen tantos problemas como nosotros. Llegado este momento, muchos de nosotros, sin reconocerlo,  hemos conseguido ser dependientes de la bebida.

Con los años de consumo, los cambios provocados por el alcohol en nuestro  cerebro han cambiado la forma de percibir el entorno y nuestras emociones. Nuestro  cerebro ya  funciona de forma distinta a como la hacía antes. Según los científicos, nuestros cerebros están diseñados para favorecer  que repitamos aquellas conductas  que  aseguran la vida del sujeto.  A las actividades como el comer, beber, las relaciones sexuales o las relaciones sociales se le denomina recompensas naturales, porque son, y han sido,  fundamentales para la supervivencia del sujeto y de nuestra especie.  Estas recompensas provocan placer por la liberación de un neurotransmisor, llamado dopamina,  en el circuito de la recompensa cerebral. Cada vez que este circuito se activa, el cerebro nota que algo importante está pasando y que debe ser recordado. De ahí que aprenda a  repetirlo una y otra vez, de forma casi automática, sin pensarlo (a esto se le llama compulsión). Debido a que el alcohol  estimula el mismo circuito que las recompensas naturales, nuestro cerebro aprende rápidamente a buscarlo de forma casi automática, rapidísimamente, sin darnos cuenta.

Ahora bien, el alcohol y otras drogas,  pueden liberar de 2-10 veces la cantidad de dopamina  liberada por las recompensas naturales. En algunos casos, esto ocurre casi inmediatamente (como cuando se fuman o se inyectan las drogas) y los efectos pueden durar mucho más que aquellos producidos por las recompensas naturales. Es decir, que cuando nos hacemos adictos al alcohol, nuestro cerebro considera que “todo aquello que ha estado relacionado con el alcohol” es más importante que comer, que beber, que tener relaciones sexuales o que mantener las vinculaciones sociales. En este proceso, casi sin darnos apenas cuenta, sentimos que preferimos pasar más tiempo en el bar que con nuestra familia, que preferimos seguir bebiendo a pesar de los problemas que esto nos conlleva y que aunque hayamos sido capaces de beber menos o de dejar de beber durante semanas o meses, al final volvemos a beber.

Lo que nos cuesta entender a nosotros y a nuestros familiares es que el efecto resultante del alcohol sobre  el circuito de gratificación del cerebro es mucho mayor que el producido por comportamientos naturales de gratificación como el comer y el sexo. Pero la realidad es que el efecto de una recompensa cerebral tan potente como el alcohol  puede llevar a algunas personas  a consumir alcohol  repetidamente, porque para el “cerebro adicto” el alcohol ha adquirido valor de supervivencia, y por tanto el alcohol es, para la persona con adicción,  más importante que la comida, la bebida, el sexo o las relaciones sociales. Por eso los científicos suelen decir que el abuso de las drogas es algo que “aprendemos a hacer muy, pero que muy bien”. También esto nos permite entender que el adicto al alcohol haya ido abandonando muchas de las cosas que le gustaban (familia, ocio, sexo) por el alcohol.

El alcohol se vuelve tan importante para la vida de muchas personas adictas al alcohol que nos lleva hasta el extremo de  renunciar a los vínculos sociales y familiares.  En algunos casos el vínculo con el alcohol nos aísla de la sociedad. Cuando acudimos a las Asociaciones encontramos  un grupo de personas  que nos acogen y  aceptan porque entienden nuestro  problema perfectamente. Nosotros tenemos la experiencia de que “enfermamos en grupo y por lo tanto nos recuperamos en grupo”.


 

¿Cuáles son las fases  fundamentales de nuestro programa para las personas con adicción al alcohol?

Principios básicos: aceptación sincera  y respetuosa de las experiencias de personas adictas al alcohol y de sus familias. Aceptar la mutua ayuda para liberarse de la necesidad de beber,  para desarrollar un proyecto de crecimiento personal y conseguir la estabilidad familiar.  Colaborar con los profesionales de la salud para mejorar nuestro estado físico y mental.

Respecto a la duración de cada una las fases, hemos incluido el periodo medio que suele transcurrir cada una de ellas. Estos tiempos son muy variables y la mayor o menor duración depende del grado de complicaciones de cada persona y de lo motivado que cada uno esté en cada una de las fases que hemos descrito. Hay que tener en cuenta que algunas personas no desean o no pueden terminar el programa en nuestras Asociaciones, por diferentes motivos,  pero esta aproximación temporal sirve para hacerse una idea bastante aproximada de lo que se puede conseguir en cada una de las fases.

Fase 1. Considerar que el consumo de alcohol es un problema y que la abstinencia es el camino para empezar a solucionarlo. “Sólo puedes hacerlo tú, pero mejor si pide ayuda (no puedes hacerlo tú solo)”.

Objetivos:

  • Aprender a cuidarnos: Importancia del acudir al médico y seguir sus orientaciones.
  • Dejar de beber y aceptar la abstinencia como alternativa para mejorar nuestros problemas.

Duración: 1-3 meses

Cuando llegamos a la Asociación algunos llevan días sin beber y otros llevan horas. Pronto notamos que  los integrantes del grupo muestran una aceptación sincera y respetuosa hacia de cada uno de nosotros lo que nos tranquiliza: no somas tan raros como pensábamos. A otros también les ha pasado lo que a nosotros.  Insistimos en que acudan a su médico de Atención Primaria porque el alcohol no solo produce adicción sino que daña casi todos los órganos del cuerpo. Muchos se resisten a consultar con los profesionales por sentirse avergonzados de su consumo o por no querer saber  qué otros problemas médicos tienen.  Nuestra obligación es explicarles que además de las complicaciones médicas, las personas con adicción al alcohol tenemos más riesgo de sufrir depresiones, estados de ansiedad y problemas de memoria que deben ser diagnosticados por los profesionales del sistema sanitario.

Lo cierto es que en cuanto dejamos de beber con ayuda de los profesionales nuestra recuperación  física suele ser espectacular. Al principio,  nos sentimos tan “liberados” del alcohol que muchos ni siquiera sienten  deseos de beber. Se trata de una especie de “luna de miel” común en bastantes de nosotros. No obstante, lo normal, en los primeros meses de abstinencia, es que sintamos deseos de beber cuando nos encontramos en lugares o con personas con las que habitualmente bebíamos alcohol. De ahí que muchos de los integrantes del grupo expliquen que ellos procurasen evitar entrar en bares y las compañías con las que bebían para así tener menos recuerdos y deseos de beber.

Durante los primeros meses de estar en la Asociación los nuevos integrantes suelen intervenir poco en los grupos, pero son como esponjas que absorben y aprender de los demás las estrategias, los trucos para no beber. Cuando ellos intervienen se expresan sin  temor a no ser entendidos y esto le anima  a continuar con la abstinencia. El hecho de no estar expuestos a consejos moralizantes ni a la reprobación de sus es la base para que pueden decidir qué cambios quieren hacer y cuando.

Una situación frecuente en estos meses es de la comparar nuestros problemas con los de los demás integrantes del grupo. Las comparaciones las hemos hecho todos, pero si se mantienen en el tiempo pueden ser una señal de no aceptación de nuestra enfermedad, de no estar dispuestos a continuar con los cambios de nuestro estilo de vida o de no aceptar  el apoyo recibido por el grupo.

Un hecho sorprendente es que a pesar de que en muchos casos hayan sido nuestras familias las que nos han “convencido para acudir a la Asociación”, sin embargo no suele gustarnos que ellos acudan al grupo de familiares. Para algunos de nosotros el problema es “sólo nuestro” y los demás no tienen que participar; otros ven en el hecho de acudir a los grupos de familias una forma de control (si viene mi mujer al grupo de familias, también me obliga a tener que venir yo) y los hay quienes hemos cometido la torpeza de disuadir a las familias de venir porque “aprendían muchas cosas sobre esta enfermedad” y podían utilizar esta información para señalarnos la ambivalencia que todos tenemos para seguir haciendo cambios.

El grupo también procura que en estos primeros meses nos demos cuenta de la importancia de “dejarnos cuidar”: es decir reconocer los posibles trastornos detectados por el médico y seguir sus recomendaciones terapéuticas. En esta etapa es frecuente que muchos de nosotros estemos tomando algún tipo de medicación para ayudarnos a mejorar bastantes de los trastornos físicos o emocionales presentes. Nuestra actitud es de respeto y de colaboración con los profesionales de la salud, de hecho siempre explicamos a quienes se acercan por primera vez a nuestros grupos la necesidad de acudir a los profesionales de la salud.

Fase 2. Comprender que la adicción al alcohol es una enfermedad de la que el individuo no puede recuperarse exclusivamente con la  fuerza de voluntad.

Objetivos:

  • Comprender en que consiste la adicción al alcohol
  • Consolidar cambios en el estilo de vida realizados en la etapa anterior

Duración: 3-6 meses.

Una vez conseguidos los primeros meses de abstinencia y haber realizado determinados cambios en nuestro estilo de vida, el bienestar resultante es considerable, hasta el punto que algunos llegamos a dudar si realmente “somos adictos al alcohol o no”. Nos ha resultado “tan fácil llegar hasta aquí” que nos sentimos diferentes de los otros y nos creemos con fuerzas para poder intentar ahora “volver a beber un poco: controlando”.  Otros, nos conformamos  con los  pequeños cambios realizados en nuestro estilo de vida: “total, para que voy a cambiar más hábitos sin con lo que he hecho hasta ahora no bebo”. Al principio, casi todos creemos que con lo aprendido en los primeros meses y con fuerza de voluntad se consigue el resto. De hecho algunos asistentes a los grupos  han comentado experiencias propias de haber estado muchos meses  sin beber únicamente “con fuerza de voluntad”. Sin embargo, la realidad de muchos de nosotros no es esa. Pese a haber dejado de beber, nuestro “cerebro adictivo” pretende soterradamente que no rompamos la relación con la bebida, de ahí que nos cueste un esfuerzo considerable evitar estar en bares o con los “amigos de barra”. Nuestro cerebro, en esta etapa,  sigue queriendo evitar las emociones negativas y de alguna manera procura que mantengamos  muchos de nuestros antiguos hábitos que estaban relacionados con la bebida. Los científicos  dicen que  las el cerebro de personas con adicción  al alcohol tiende a comportarse como si fuese  “miope”.  La persona que padece miopía tiene dificultades para ver lo que está alejado, sin embargo no tiene problemas para observar las cosas cercanas. Pues bien, quienes tenemos adicción al alcohol, también valoramos más lo inmediato, los posibles efectos del consumo de alcohol, que las consecuencias que podría tener ese consumo a medio y largo plazo. Este hecho puede explicar el riesgo de recaídas de muchos de nosotros. En el grupo se insiste en la conveniencia de “pensar todos los días en nuestra enfermedad y en los beneficios conseguidos con la abstinencia”.

Algunas personas que se conforman con haber llevado a cabo pequeños cambios en su estilo de vida y no beber,   suelen dejar de acudir a los grupos. No se dan cuenta que unos pocos meses de hábitos  saludables no tienen la fuerza para contrarrestar el daño provocado por tantos años de consumo. Hemos aprendido que si “han sido años los que nos ha costado desarrollar la adicción al alcohol también son años los que debemos invertir en nuestra recuperación”. “¿Qué tal si invertimos las horas que nos hemos pasado  bebiendo por horas de acudir a los grupos de la Asociación? Para muchos de nosotros ha sido “la mejor inversión de nuestras vidas”.

Al contrario de lo que la gente cree, nuestra experiencia es que es  muy conveniente  pensar todos los días un rato en nuestra enfermedad. No hacerlo supone un tremendo error: eso de no quiero pensar en lo ocurrido nos lleva a caer en el círculo de la bebida. Sabemos que el discurso interno sobre los cambios y las motivaciones para seguir abstinente favorecen nuestra autoestima y la persistencia en la abstinencia.

Consideramos que si  priorizamos acudir a la reuniones del grupo, siendo contantes en la asistencia, y además procuramos ser humildes y evitar el alcohol, lo lugares y las personas con las que bebíamos, tenemos mucho ganado en nuestra recuperación. Una de las frases que suelen comentarse en los grupos es que “el alcohol saldrá de nuestra mente si lo sacamos de nuestras vidas”: intentar construir una nueva vida alejada del alcohol es la base de nuestro éxito.

Un hábito que debemos intentar cambiar cuanto antes, es el de recurrir,  a “pequeñas o grandes mentiras” para poder aproximarnos al alcohol sin que nuestra familia se entere. Para la gran mayoría de los que acudimos  por primera vez a una Asociación nuestra meta oculta es poder aprender a controlar el alcohol, poder  hacer muchas de las cosas que hacíamos antes pero “sin beber”. De ahí que evitemos implicar a la familia y que recurramos a las mentiras. Para muchos de nosotros las mentiras son una expresión más de nuestra adicción. Utilizábamos el alcohol para evitar malestares, responsabilidades, conflictos, y la mentira cumplía también esas mismas funciones. El estrés de mentir más el estrés de suprimir determinado emoción nos anula. Por el contrario cuando decimos la verdad somas capaces de experimentar la calma que proporciona la honestidad, el alivio y la liberación que produce darnos permiso para ser “personas”. Cuando fingimos, por el contrario,  aumentan nuestros problemas emocionales por eso hay que buscar el nicho reparador en el grupo de auto-ayuda. La honestidad es una de los valores que se aprende en nuestras Asociaciones porque no hemos visto a ninguna persona que se haya recuperado de esta enfermedad recurriendo sistemáticamente a las mentiras.

Fase 3. Asumir las consecuencias de nuestro pasado caótico relacionado con el alcohol.

Objetivos:

  • Diferenciar entre culpabilidad y responsabilidad de lo acontecido en mi pasado.
  • Compromiso para no recurrir a la mentira como forma de evadir responsabilidades.
  • Aceptar las emociones negativas que sentimos en nuestro día a día.
  • Afrontar las dificultades que se generan por la búsqueda de un nuevo proyecto de vida.

Duración: 6-12 meses

Muchos de nosotros, cuando estábamos bebiendo, hemos llevado conductas que han perjudicado a nuestros familiares, amigos o conocidos. También hemos llegado a transgredir la ley. Todo esto constituye lo que en las Asociaciones llamamos “tener la mochila cargada”. Cuando recuperamos la sobriedad y repasamos  nuestro pasado llegamos a sentir vergüenza de lo ocurrido y de nosotros mismos por lo ocurrido. Este es uno de los motivos por el que nos resistimos a recordar y a que nos recuerden “nuestro pasado de bebedores”. Preferimos pensar que hay que mirar el futuro y que de nada sirve remover el pasado. Este  profundo sentimiento de vergüenza nos lleva, a veces, a reaccionar con “enfado” cuando alguien nos reprocha algo del pasado. En el grupo aprendemos  que para poder avanzar en nuestra recuperación hay  que saber discernir entre culpabilidad y responsabilidad. Nosotros no éramos culpables de lo que hacíamos cuando estábamos bebidos, pero sí responsables de nuestros actos. Muchos de nosotros no hubiéramos hecho nada vergonzoso o ilegal si hubiésemos estados sobrios.  Los integrantes del grupo nos ayudan a poder hablar de estas dolorosas experiencias, a aceptarlas y a poder comprobar el alivio que supone poder compartir todo esto con el grupo. Para poder superar este terrible sentimiento de culpa tenemos que  ser capaces de poder hablar y de lo ocurrido y sobretodo de pedir perdón a las personas dañadas, que suelen ser principalmente familiares y amigos. En este periodo es cuando aprendemos lo liberador que resulta decir la verdad a nuestras familias y amigos, aunque las explicaciones  sean comprometidas.

La compasión mostrada por los integrantes del grupo es un valor presente en nuestras Asociaciones. Se trata de procurar aliviar el sufrimiento y de mejorar nuestro bienestar. Uno de nuestros lemas es que “ No te hagas a ti lo que no harías a los demás” y también el de que “Para poder decir te quiero hay que quererse” . Nosotros, cuando bebíamos, no sabíamos cuidarnos, ni querernos, por lo que dífilamente podíamos querer a los demás.

En las ocasiones en las que decidimos hablar de esto al grupo no suele invadir una sensación agridulce. De un lado nos sentimos aliviados por poderlo contar, por recibir apoyo del grupo, pero también nos suelen invadir pensamientos y emociones negativas que nos hacen sentir como personas abyectas, rencorosas y sin valores.

Otro aspecto novedoso que ocurre tras meses de abstinencia tiene que ver con la aceptación de nuestras emociones.  Aceptar las emociones no significa que aceptemos los comportamientos que se derivan de ellas. Podemos  tener ansiedad ante un problema y aceptar el reto. La aceptación activa implica primero reconocer las cosas tal y como son  y luego actuar de la forma que consideremos apropiada y digna. Implica reconocer que en la vida siempre se puede elegir.

Tras muchos años de bloqueo emocional provocado por el alcohol nos cuesta “sentirnos padres, esposos, hijos o simplemente amigos”. Hemos utilizado el alcohol tantas y tantas veces para cambiar emociones negativas o ideas desagradables que se nos hace extraño volverlas a sentir y reaccionar de forma normal.  La aceptación genuina de las emociones es la base para desarrollar nuestra capacidad de aceptación. El grupo es un excelente banco de pruebas para este proceso. En él somos capaces de sentir, darnos cuenta de lo que estamos sintiendo, manifestarlo y recibir la sincera opinión de los otros integrantes del grupo. Si dejamos que las emociones negativas fluyan, nuestro “canal emocional estará limpio”. Muchos aprendemos que en lugar de oponernos  al dolor,  a la ansiedad o la tristeza, es mejor aceptarlos y dejar de castigarnos por sentirlos. Expresar nuestros pensamientos y compartir nuestros sentimientos en grupo (con alguien de confianza) favorece la aceptación y el alivio.

Nuestra autoestima puede fluctuar a lo largo de nuestra recuperación,  pero  gracias al grupo,  al apoyo de la familia y de los profesionales de la salud, solemos remontar los periodos críticos. Uno de nosotros puso una vez un ejemplo muy gráfico que ilustra muy bien este periodo: etapa del jarrón roto.

Cuando se cae un jarrón al suelo se rompe en varios pedazos. La visión del mismo suele resultar descorazonadora. ¿Qué hago ahora? ¿por dónde empiezo a recoger los trozos de porcelana? ¿los pego con pegamento de contacto? ¿los pego con celo o con un esparadrapo?

Este compañero de grupo nos contaba que cuando realmente nos damos cuenta de lo “rotos que estamos como consecuencia del alcohol “ la angustia y la tristeza es tan grande que en ocasiones nos paraliza. La actitud más apropiada sería la de recoger todos y cada uno de los pedazos rotos, colocarlos en un sitio seguro para que no se nos pierdan o se rompan más. Pensar en una  forma de reconstrucción que sea lo más firme y duradera posible emplear el tiempo y energía  suficiente para que cada pieza quede unida lo más sólidamente posible con las demás. Hay que empezar por asegurarnos que los trozos de la base sean los más sólidamente unidos porque han de aguantar el resto del jarrón y su contenido.  Como en el caso del jarrón, en este viaje tenemos que ser conscientes que hay trozos que necesitan mayor mimo, constancia y tiempo, como es el caso de nuestra salud física y psicológica, y de  las relaciones familiares. Una base sólida, aunque dañada, puede servir para adquirir los nuevos valores inherentes al proceso de maduración personal iniciado en la Asociación.

Fase 4. Empezar a diseñar un plan de vida que favorezca un estilo de vida saludable y el crecimiento personal. Dibujar tu mapa y cuidar un árbol seco. Aceptar los fracasos y salir de la zona de confort.

Objetivos:

  • Diseñar un nuevo plan de vida que favorezca un estilo de vida saludable
  • Asumir el reto que supone el crecimiento personal

Duración: 12-24 meses.

Tras varios años de abstinencia y de compartir muchas terapias de grupo algunos  llegamos a considerar que “nos lo sabemos todo, que las terapias son un rollo porque no se dice nada que no sepamos ya”. Empezamos  a faltar a las reuniones del grupo, a poner  excusas de que no tenemos, de que otros quehaceres nos impiden acudir a las reuniones.  Esta actitud es frecuente, y suele ocurrirnos en diferentes momentos de nuestra recuperación.  Suele traducir que hemos paralizado nuestro proceso de cambios: me encuentro bien, no voy a bares, mi familia empieza a estar tranquila, lo que se dice en el grupo ya me lo sé. ¿para que voy a seguir acudiendo a la Asociación, si ya sé que no puedo beber?

Creemos “saber tanto sobre el alcoholismo” que incluso consideramos la posibilidad de “poder volver a beber sin perder el control”. Nosotros no conocemos a nadie de los que han acudido a las Asociaciones y haya podido volver a beber sin problemas.  Algunas de estas personas dejan el grupo y pueden llegar a permanecer sin recaer  meses, pero desde nuestro punto de vista han abandonado la Asociación en el momento crítico que debían plantearse qué y cómo cambiar en la vida, sin las servidumbres del alcohol.

No solemos darnos cuenta que mientras hemos estado bebiendo no hemos podido madurar, ya que el propio alcohol y la forma de afrontar los problemas (bebiendo) han impedido que hayamos sido capaces madurar, de diseñar un plan de vida sincero y honesto. Esta inmadurez que casi todos traemos cuando venimos a una Asociación no se resuelve/supera en 2-3 años de abstinencia: requiere tiempo, esfuerzo,  humildad y sinceridad  consigo mismo y con el grupo. Pero nuestro deseo de ir lo más rápido posible, de intentar resolverlo casi todo con atajos, no vuelve sordos y ciegos a lo que el grupo nos descubre día a día. A veces nuestro empeño por hacer las cosas a “nuestra manera” nos lleva a querer atravesar muros, cuando lo más prudente es rodearlos y seguir el camino. Otra vez la falta de madurez se apodera de nosotros y nos puede llevar a fracasar.

En esta fase  de recuperación, como en las demás, puede  ocurrir que quienes acudimos  a las sesiones grupales, caigamos en la monotonía de un discurso superficial del tipo “ todo está bien. No hay muchas cosas que me hayan ocurrido”.  Este tipo de frases reflejan una vez más una situación de bloqueo de paro en nuestra recuperación, que el grupo nos la suele señalar. Nosotros decimos que estas personas venimos  a “calentar la silla” porque su nivel de participación es mínimo y poco comprometido.

Continuar acudiendo a la Asociación no hace superar estos baches y seguir con los cambios que decidamos realizar. Llevamos tiempo en el grupo  y nuestros comentarios y experiencias son tomados en cuenta por los otros integrantes del grupo. Además hemos recuperado algunas de las aficiones que el alcohol nos había quitado y lo que es más importante: empezamos a asumir el reto de desarrollar un nuevo plan de vida, alejado de la bebida.

Los integrantes del grupo con muchos meses de experiencia  empiezan a hablar de lo que querrían hacer con sus vidas y cómo. Para este nuevo camino hace falta valor y determinación, y el apoyo del grupo será  fundamental. En ese hipotético “mapa de nuestra nueva vida” que cada uno de nosotros tiene en mente hay que ir marcando itinerarios, paradas y hasta  desvíos estratégicos. La experiencia de quienes  llevan más tiempo que nosotros en ese camino nos sirve de guía, siempre y cuando estemos dispuestos a escucharlos. No suele ser fácil tomar esa decisión, para muchos la ambivalencia entre iniciar el nuevo camino y quedarse como están,  puede provocar que permanezcan indecisos meses o hasta incluso años.  Tener un proyecto de vida distinto al que hemos llevado  hasta ahora, supone para muchos saber que tenemos un “árbol frágil” al que, como jardineros,  hay que cuidar para evitar que su crecimiento se vea truncado por nuestra inexperiencia en cómo cuidarlo  o por no saber prevenir las consecuencias de las  inclemencias ambientales. Es necesario que procuremos ubicar las raíces en  un terreno seguro y bien nutrido. De igual manera que intentemos  asegurarnos la confianza con nuestra familia y amigos más próximos. Es posible que varias ramas del árbol estén rotas y debamos repararlas o incluso sacrificar a alguna que esté poniendo en riesgo el desarrollo del árbol. De igual manera, tendremos que ser capaces de renunciar a determinadas personas o situaciones, o antiguos proyectos que pongan en peligro nuestra recuperación. Tendremos que ser cuidadosos con el ambiente y protegerlo  del excesivo sol, la excesiva lluvia o el intenso viento. Esto significa que tendremos que  elegir y cuidar nuestro ambiente: ningún árbol puede sobrevivir sin cuidados adecuados y esto es algo que a muchos de nosotros nos cuenta entender, porque nos hemos pasado media vida maltratándonos.

Aunque este periodo es decisivo en nuestra recuperación, a muchos nos ha costado meses de “bloqueo” por sentirnos a gusto en nuestra zona de confort. Nuestra experiencia es que el desarrollo de nuestro propio plan de crecimiento personal es lo que nos permite pasar del la fase del “no puedo beber al no quiero beber”.

Fase 5. Desarrollo activo de un proyecto de vida basado en nuevos valores y en mi potencialidad: equilibrio entre lo que puedo y quiero  alcanzar. Sensación de orgullo por estar realizando este proceso de crecimiento. Árbol que está dando frutos.

Objetivos:

  • Promover mi propio plan de crecimiento personal asumiendo nuevos valores
  • Asumir que el viaje de la vida tiene fracasos y éxitos. Lo realmente importante es poder disfrutar del viaje.
  • Sentir las emociones positivas y las negativas y poderlas compartir sin temor o vergüenza.
  • Ser capaz de aceptarnos tal y como somos si deseamos cambiar.
  • Llegar a sentir  la serenidad de “estar haciendo en la vida lo que,  como persona, he de hacer”.

Duración: 2-4 años

Esta fase es determinante en nuestra recuperación  porque los que la alcanzamos nos sentimos “personas distintas a cómo éramos antes”. Para muchos el programa de crecimiento personal desarrollado en nuestras Asociaciones es casi un salvoconducto de no retorno al estilo de vida anterior. Todo crecimiento personal  implica aceptar las pérdidas. Hemos perdido tanto, a lo largo de nuestra vida de bebedores,  que esas pérdidas, lejos de provocarnos dolor y pena, nos han trasformado de una manera radical: ahora hemos aprendido a valorar  más la vida. También implica aceptar lo desafíos de nuestra existencia. Si evitamos los desafíos por miedo a fracasar, sabemos que nuestra autoestima se resiente y  bloqueamos nuestra recuperación. Aunque pueda parecer sorprendente, la mayor parte de quienes hemos hecho este recorrido en nuestras Asociaciones,  somos capaces de concentrarnos y de disfrutar del nuevo viaje, en lugar de obsesionarnos con llegar pronto al destino. También hemos aprendido que, como en todo viaje, hay que parar, descansar, disfrutar y aceptar los múltiples tropiezos. ¿Quién nos iba a decir que podríamos ser  capaces de cambiar radicalmente nuestras vidas? Pues lo cierto es que en el grupo vemos diariamente a veteranos que lo han conseguido, que nos cuentan su experiencia y que nos sirve de estímulo para seguir acudiendo a las reuniones del grupo.

El grupo nos permite ir eligiendo el tipo de valores que cada uno quiere que gobiernen su vida. Uno de estos valores elegidos por la mayoría de nosotros es el del altruismo. Llevamos años compartiendo experiencias, ideas, sentimientos, fracasos y éxitos con  el resto del grupo y todo porque hemos aprendido la importancia de compartir. Colaboramos con la Asociación en actividades de forma altruista porque nos sentimos bien haciéndolo, porque hemos asumido ese valor. Otro de los valores reside en la magia de constancia. Los primeros meses de acudir a la Asociación nos costaba esfuerzo dejar lo que estábamos haciendo y venir al grupo, sin embargo tras años de asistencia, somos muchos los que estamos deseando que llegue la hora para poder reunirnos. La persistencia en acudir a las reuniones  ha provocado una mejora importante de nuestra propia valoración. Muchos de nosotros tardamos años en aceptarnos cómo somos. Bebíamos porque no nos gustábamos y la abstinencia y el grupo no han enseñado a ver aspectos positivos que nos negábamos a ver. Efectivamente no somos perfectos ni lo pretendemos pero con el tiempo aprendemos el valor de la aceptación personal y de los acontecimientos de la vida como la clave de nuestra maduración. Para nosotros, la aceptación es el prerrequisito de una vida emocionalmente sana. Aceptación no es resignación: “solo si me acepto tal como soy puedo cambiar”.  Al final de esta fase reconocemos que la autoaceptación es la base de una vida sana y plena, que nos  genera serenidad.

En los grupos aprendemos a mostrar  gratitud hacia los demás.  Los más veteranos nos sorprenden cuando agradecen a uno de los recién llegados el hecho de haber contado algún aspecto de su vida relacionada con el alcohol. Escuchar esa experiencia les has permito volver a reencontrarse con su pasado pero esta vez sin dolor y sin rencor. Muchos de nosotros damos con frecuencia las gracias a otros integrantes del grupo por su ejemplo sincero. Como decía Cicerón “La gratitud no es solo la mejor de las virtudes sino la madre de todas las virtudes”

Al final de esta fase reconocemos que la autoaceptación es la base de una vida sana y plena y genera serenidad, precisamente por  “estar haciendo en la vida lo que,  como persona, he de hacer”. Algunas de las personas cuando finalizan esta fase deciden dejar la Asociación y continuar su proyecto vital de una forma diferente, aunque teniendo presentes los valores adquiridos en el grupo. Es frecuente que el grupo pueda expresar emociones agridulces, de un lado porque agradecen los años de vida que han compartido y de otro por el alejamiento del grupo. En muchos casos este alejamiento es solo parcial y suele ocurrir que acudan de vez en cuando al grupo a saludar y a expresar la gratitud hacia los miembros de la Asociación.

Fase 6. Compromiso con los valores de la Asociación y con los grupos de Autoayuda para personas y familiares con adicción al alcohol u otras drogas.

Objetivos:

  • Aceptar los valores promovidos desde FACOMA-RED CAPA
  • Asumir el compromiso  ayudar a otras personas con adicción al alcohol desde las Asociaciones de Mutua Ayuda.

Duración: Según decisión personal del sujeto.

No todos los que acuden a nuestras Asociaciones pasan a esta sexta fase. Tampoco nadie se lo debería de exigir: el altruismo y la gratitud son dos de los valores esenciales  que se fomentan en nuestros grupos. Algunas personas, tras años de compartir y de crecer en el contexto de nuestras Asociaciones deciden voluntariamente aceptar nuestros valores y el compromiso activo, a través del voluntariado,  de mantener viva la Asociación.  Muchos de nosotros hemos recibido tanto del grupo de nuestra Asociación que nos sentimos moralmente implicados en la continuidad de la misma. De esta forma se puede mantener la encendida la llama del movimiento de mutua ayuda para la recuperación de personas con adicción y de sus familias. Hasta ahora han sido miles de familias las que han pasado por FACOMA en los últimos 30 años y son centenares los que de forma activa mantienen vivo este movimiento asociativo.

 ¿Cuáles son las fases fundamentales  de nuestro programa para las familias con adicción al alcohol?

Principios básicos: aceptación sincera  y respetuosa de las experiencias de los familiares de  personas con adicción al alcohol. Aceptar la mutua ayuda para entender que el alcoholismo también afecta a las familias y que se necesita ayuda para entender la enfermedad,  aprender a cuidarse y desarrollar un conseguir la estabilidad personal y familiar perdida.  Colaborar con los profesionales de la salud para mejorar la situación emocional de los familiares de personas con adicción al alcohol.

 Fase 1: inicial de choque: A mí no me pasa nada. Yo creía que esto se curaba en cuanto mi pareja dejase de beber pero me asusta cuando decís que esta enfermedad es «para toda la vida».

Objetivos:

  • Comprender que el alcoholismo afecta a toda la familia y que nosotros, los familiares, también necesitamos ayuda.
  • Comprender le naturaleza de la adicción al alcohol

Duración: 1-3 meses.

Uno de nuestros principales errores es creer que la adicción al alcohol únicamente afecta a nuestro familiar y que en cuanto él deje de beber todo volverá a ir bien en nuestra familia. El alcohol, por desgracia, ha estado conviviendo con nosotros durante demasiado tiempo como para que se aleje sólo con que nuestro familiar deje de beber unas cuantas semanas o meses. Toda la familia ha ido cediendo espacio, durante años al alcohol. Hemos disimulado los días que venía  “cargado de copas”, hemos creído que con reprobar su conducta  era suficiente pero no ha sido así. Nos hemos hecho cada vez más tolerantes a su presencia y si antes nos molestaba que llegase tarde y oliendo a alcohol, ahora nos conformamos con que “no haya movidas cuando llega bebido”.

Muchas de nosotras, cuando llegamos a la Asociación,   hemos  pensado en separarnos si sigue así, pero los hijos, el cariño, las promesas de dejarlo nos han hecho postponer esa temida decisión.

La frase más frecuente que escuchamos durante las primeras reuniones es:  “a mí no me pasa nada: vengo para que venga él también, pero si él no bebe la familia está tranquila”. Es un sentimiento común a muchas de nosotras y de hecho algunas abandonan por el temor a enfrentarse a las  propias angustias: ¿será mi culpa que él haya bebido durante tantos años? ¿Por qué no le habré obligado antes a venir aquí?.

El grupo procura que podamos ir dándonos respuestas a esas preguntas, a qué no nos sintamos culpables por los años que nuestra pareja haya estado bebiendo. El estado psicológico de muchos familiares es tan delicado que es frecuente que hayan consultados con los profesionales sanitarios, de no haberlo hecho, nosotras aconsejamos que soliciten ayuda profesional para ellas e incluso para algunos de los hijos pueden estar sufriendo las consecuencias de lo que están viviendo en casa. Somos conscientes  que al igual que con el tabaco, en el caso de la adicción al alcohol los familiares somos “bebedores pasivos” que también necesitamos ayuda para poder recuperarnos.

La otra gran preocupación de las familias durante esta fase inicial es poder comprender el significado de que “esta enfermedad es para toda la vida”. Siempre hemos creído que las enfermedades se trataban y se curaban, pero esta enfermedad es distinta. No tenemos demasiados problemas en considerar que muchas de las conductas que nuestro familiar ha estado haciendo a lo largo de los años se debían a que estaba enferme, pero nos es muy complicado pensar en que pueda volver a beber ahora que ha conseguido la abstinencia. La palabra recaída se convierte en el enemigo de las familias. Desconfiamos de que los cambios que están realizando nuestras parejas o nuestros hijos sean “auténticos cambios”, creemos que puedan estar haciendo teatro y que las promesas, no sean más que mentiras para ganar tiempo y volver a beber.

La angustia de alguna de nosotras es tan grande que en ocasiones nos resistimos a acudir al grupo porque la idea de tener que hablar de estos asuntos nos paraliza. Hemos pasado años tapando a nuestra pareja, callando, negándonos a pedir ayuda y ahora que tenemos la posibilidad de poder hablar de todo en el grupo lo evitamos.

Afortunadamente hablar en el grupo ejerce un efecto liberador tan potente que en pocos meses somos capaces de aceptar que aunque “esta enfermedad no se cura”, sin embargo, nuestros familiares tienen la opción de cambiar y que son esos cambios “la clave de la recuperación”. Esta aceptación es la que nos permite centrarnos en nuestras necesidades y en nuestros propios problemas como familiares, porque difícilmente podremos  ayudar a alguien si no aprendemos a cuidar de nosotros.

Fase 2: de ambivalencia: No estoy segura de poder aguantar esto. El se encuentra cada día más tranquilo y pretende que yo acepte todo esto como si no hubiese pasado nada, pero no acabo de entenderlo. De otro lado tengo miedo a hablarle de esto por temor a que se enfade y recaiga.

Objetivos:

  • Aceptar nuestros temores sobre el futuro de la recuperación propia y de nuestro familiar. Precaución/temores a recaídas
  • Comprender que hay que llevar a cabo  cambios en la relación familiar y que estos  deben ser realizados por todos los integrantes de la familia.

Duración: 6-12 meses.

Cuando nuestro familiar lleva  una buena temporada sin consumir, sentimos la necesidad de  ver, casi a diario,  cambios en su conducta, de volver a  tener confianza plena en él.  El hecho de no beber no es suficiente. Esto contrata con la actitud de nuestro familiar con adicción al alcohol. Ellos dicen encontrarse bien en abstinencia, no ven la necesidad de hacer más cambios de los que ya están haciendo y no soportan que les hablemos de las cosas del pasado. Pero nuestros temores nos hacen estar en alerta, preocupadas y eso es algo que ellos no llegan a entender. Nosotras necesitamos seguridades que ellos no pueden darnos,  necesitamos hablar de estos temas y ellos consideran que el pasado es mejor dejarlo. Una vez más aparecen muros de incomunicación entre nosotros. Una vez más es el alcohol quien se interpone.

El temor a que cualquier contrariedad pueda “provocar una recaída” es un tema constante en los grupos. Nos cuesta cambiar nuestra manera de relacionarnos con ellos ya que si antes temíamos que cualquier discusión le llevase a beber más, a ahora el miedo es a que recaiga.

Un aspecto que suele aparecer en muchas reuniones de familiares es la vergüenza que sentimos por la enfermedad de nuestro familiar. Seguimos pensando todavía que la adicción al alcohol es más vicio que enfermedad y por eso ocultamos a nuestros familiares que venimos a una Asociación para “alcohólicos”. También nos sentimos culpables por no haber sido capaces de haberlos  “traído antes a la Asociación”. Nos da miedo preguntar por las repercusiones que la enfermedad puede haber causado en nuestros hijos, porque también nos sentimos culpables por ello. Tanto exceso de culpa  únicamente puede ser canalizada compartiéndola con el grupo. Todas hemos sentido lo mismo y hemos conseguido superar tanta vergüenza y tanta culpabilidad aceptando esos sentimientos, compartiéndolos en grupo y reconociendo que tenemos derecho a ser respetadas y la obligación de cuidarnos.

Las familias explican en el grupo que estas  preocupaciones son comunes a todos los familiares  y una muestra de que todavía el alcohol sigue estando presente en nuestro grupo familiar.

Fase 3:  aprender a cuidarme/ de hacer los cambios que yo necesito. Tengo prisas porque todo vuelva a ser normal, pero me da miedo empujar porque sus cambios son más lentos de lo que me imaginaba. Además tengo que asumir que he de saber cuidarme, poner límites y entender que para que las cosas cambien tengo yo también que hacer cambios.

Objetivos

  • Aceptar que hemos de realizar cambios pensando en nosotros mismos, no en el alcohol ni en el otros, para mejorar nosotros/as.
  • Comprender que como familia los cambios de uno provocan una reacción en el otro.
  • Aprender a poner límites en empezar a respetarse.

Duración: 1-3 años.

Nosotras no tenemos la adicción al alcohol y por tanto nuestra cabeza funciona de manera distinta. Pero han sido tantos años de convivencia con nuestras parejas que seguimos pensando en “clave de alcohol”. Comprendemos los cambios que hay que hacer y procuramos hacerlos, aunque siempre pensando en que todo eso sirva para  la recuperación de  nuestro familiar.

En muchas ocasiones nos sentimos como  nuestro familiar y nosotros  fuésemos dos trenes en una misma dirección, el de él va lento muy lento,  y el nuestro, sino no fuese por la lentitud del otro,  podría ir a más velocidad, a toda prisa, para llegar a su destino. En el grupo de familias aprendemos que ambos trenes deben ir acompasados, si lo que deseamos es la recuperación familiar  y que no hay una estación final llamada “curación”. Algunas esposas al darse cuenta de lo que significa este proceso de cambio optan por abandonar el grupo y a su familiar, pero son una minoría. Comprendemos que tienen todo el derecho del mundo para decidir con quién quieren compartir su vida.

Uno de los asuntos más delicados para los familiares está relacionado con la conveniencia de tener alcohol en casa o beber delante de ellos.  Las más veteranas nos cuentan que a ellas les costó tomar la decisión de “sacar el alcohol de casa”, primero porque creían que la fuerza de voluntad era suficiente para dejar de beber y en segundo lugar porque sus propios maridos consideraban que hacer eso era una falta de confianza en la recuperación. Aunque hay algunas familias que tienen alcohol en sus casas, la mayoría de nosotras, con el permiso de nuestros familiares hemos optado por sacarlo. Algo parecido ocurre con el hecho de ir a fiestas o eventos donde el alcohol suele ser uno de los protagonistas principales. Nos cuesta, a nosotras también, aceptar que dicha renuncia es un paso importante en la recuperación de nuestras familias. ¿Por qué íbamos a poner en casa, sobre la mesa, al responsable de tanto sufrimiento? ¿Por qué hay que estar pendiente de si nuestro marido bebe o no en una comida familiar en lugar de disfrutar de la familia?

Tras meses de hacer cambios pensando en la recuperación de nuestras parejas, empezamos a comprender que así no podemos seguir, que si no aprendemos a pensar en nosotras y a cuidarnos, será el alcohol quien siga determinando nuestras vidas. Aceptar la realidad de que “para  que las cosas cambien en nuestra familia  tengo yo también que hacer cambios pensando en mí” es una de las tareas más complicadas que posiblemente no podríamos hacer sin la ayuda del grupo. Hemos de tener en cuenta que llevamos años pensando y comportándonos en función de alcoholismo de nuestro familiar y que tras meses de terapia seguimos esforzándonos en hacer le necesario para que no recaiga. En definitiva nunca o casi nunca pensamos en nosotras mismas,  en lo que necesitamos de la relación, en lo que queremos que sea nuestra familia: ellos no nos lo han preguntado jamás y nosotras nos hemos acostumbrado a esa “enfermiza normalidad”. Es el grupo quien nos ayuda a que podamos tomar decisiones sin que nos atenace el temor a una recaída de nuestro familiar. Llevamos tantos años inhibiéndonos o accediendo, que nos cuenta poner límites en nuestra relación de pareja.  Es el grupo quien nos ayuda y nos anima a ponerlos, ya que suponen el restablecimiento de una relación de pareja basada en el respeto mutuo.

Fase 4: Cambio real basado en el perdón y en respeto mutuo.  Me doy cuenta de que he de empezar a perdonar de forma sincera y honesta lo ocurrido con él en la época que bebía. Sigo teniendo miedo de una recaída, pero no puedo dejar que el alcohol siga dirigiendo nuestra familia. El respeto mutuo comienza a ser norma de convivencia.

Objetivos:

  • Profundizar en el autocuidado/
  • Empezar a perdonar de forma sincera y honesta
  • Plantear un proyecto de crecimiento personal

Duración: 2-3 años.

Han sido tantos los años en los que el alcohol ha estado dirigiendo nuestras familias que muchas de nosotras tenemos “un listado de cuentas pendientes demasiado largo”. Hemos asumido que la mayor parte de sus negligencias realizadas cuando bebía no fueron su culpa pero si su responsabilidad. Nos han pedido perdón por lo ocurrido, y hemos asentido aunque con el temor de que eso pueda ser interpretado como que todo está olvidado y que “aquí no ha pasado nada”. A muchas de nosotras no es muy difícil olvidar determinados hechos del pasado. Los profesionales de la salud dicen que sufrimos un estado de estrés prolongado provocado por las situaciones estresantes que hemos tenido e lo largo de años. Cualquier cambio en su conducta parece avisarnos de una inminente recaída, de ahí que nos sea imposible olvidar y difícil perdonar. Por eso siempre tenemos algún incidente del pasado a manos para reprochar, para que recuerde lo que el alcohol nos provocó a todos. No obstante los cambios que observamos en nuestras familiares y el apoyo del grupo nos ayudan a considerar el hecho de que para poder conseguir la estabilidad familiar y personal que buscamos tenemos que ser capaces de perdonar de forma sincera y honesta.

Una vez que la pareja haya pasado  por este periodo de  PERDON real de todo aquello que marcó nuestras vidas, es el momento de hacer proyectos conjuntamente, dando forma, rescatando  los tantos sueños rotos y creando REALIDADES, volviendo a empezar,  sobre todo SIN MIEDOS, aunque sí con la lección bien aprendida.

Fase  5. Nuevos objetivos de crecimiento personal y familiar. El perdón y aprender a cuidarme me llevan a plantearme nuevos objetivos personales y de pareja.

Objetivos:

  • Realizar/profundizar en un proyecto de crecimiento personal.
  • Compartir un proyecto de familia basado en valores

Duración: 2-3 años.

 Tras años de convivencia familiar intentando construir una nueva relación de pareja alejada de antiguos hábitos nos damos cuenta que sabemos muy poco de nosotras mismas, de lo que nos gustaría hacer. Hemos pasado media vida cediendo, aplazando nuestros sueños, y ahora que podemos tomar la decisión de “qué quiero hacer con mi vida”, nos sentimos indecisas. Aunque a veces nos atrevamos a exponer al grupo determinadas ideas o proyectos, como recuperar nuestras amistados, continuar con nuestra formación, retomar o cambiar de trabajo o interesarnos por algunas de las actividades de ocio perdidas, siempre terminamos con la coletilla de, todo eso lo podríamos hacer  “si mi pareja sigue así de bien”.

Desde  el grupo se anima y estimula a que busquemos y llevemos a cabo esos proyectos porque sabemos que constituye la base de una nueva relación no basada en el respeto mutuo, en la complicidad y en la sinceridad. Algunas de nosotras hemos  descubierto que teníamos cualidades para la pintura o la escritura y otras para el baile o la música, pero lo que aprendemos todos los familiares tras años de acudir a la Asociación es que es posible una nueva vida, una nueva relación de pareja fundamentada en la honestidad. En ocasiones las familias que llevan poco tiempo en la Asociación suelen preguntar a las más veteranas si se arrepienten de haberse casado con una persona que tiene adicción al alcohol, no hay una única respuesta, es obvio, pero nos quedamos con el comentario de una de nostras: “lo volvería a hacer si supiera que él se transformaría en la persona que hoy en día es”.

Fase 6. Reconozco que nuestra vida es distinta y mejor tras años de abstinencia y me comprometo con la Asociación de forma activa.

 Objetivos:

  • Asumir los valores de la Asociación y aceptar el compromiso de ayudar a personas y familias con adicción al alcohol.

Duración: Según decisión personal del sujeto.

No todos los que acuden a nuestras Asociaciones pasan a esta sexta fase. Tampoco nadie se lo debería de exigir: el altruismo y la gratitud son dos de los valores esenciales  que se fomentan en nuestros grupos. Algunas familias, tras años de compartir y de crecer en el contexto de nuestras Asociaciones deciden voluntariamente aceptar nuestros valores y el compromiso activo, a través del voluntariado,  de mantener viva la Asociación.  Muchas de nosotras hemos recibido tanto del grupo de nuestra Asociación que nos sentimos moralmente implicadas en la continuidad de la misma. Hasta ahora han sido miles de familias las que han pasado por FACOMA en los últimos 30 años y son centenares los que de forma activa mantienen vivo este movimiento asociativo.

FACOMA RED CAPA y el sistema sanitario y sociosanitario de la Comunidad de Madrid

Nuestras Asociaciones se rigen por un programa común, el que aquí hemos resumido, y por una serie de normas que todas aceptan. Una de ellas implica a las instituciones sanitarias y sociosanitarias. Consideramos que somos el complemento necesario para muchas de las familias que acuden a  los  dispositivos sanitarios del sistema público de salud. En nuestras Asociaciones se insiste en que toda familia que busca ayuda debe hacerlo también a los profesionales sanitarios, el diagnóstico y tratamiento de muchas de nuestras dolencias puede y debe ser tratado por el médico de atención primaria y por los especialistas. Nuestras Asociaciones brindan la posibilidad de coordinación a los profesionales de los programas terapéuticos para pacientes con adicción al alcohol  y también favorecemos que otros profesionales puedan conocernos y ayudarnos a cumplir nuestros objetivos.

De ahí que podemos distinguir tres tipos de relación con estos profesionales:

Los profesionales que colaboran con nosotros. Se trata de personas que consideran que nuestros objetivos merecen su apoyo y de forma explícita acuden a nuestra petición de ayuda cuando se les requiere información, asesoramiento o consejo sobre algún asunto de interés para los miembros de FACOMA-RED CAPA.

Los profesionales que se coordinan. Se trata de profesionales de ámbito sanitario o sociosanitario, tanto de atención primaria como de atención especializada, con quienes nos coordinamos para poder realizar un adecuado tratamiento. El Proyecto Ayúdate-ayúdanos promueve que determinados profesionales acudan periódicamente a nuestra Asociaciones para respaldar el programa, para asesorar a la Asociación y para colaborar en tareas formativas.

También existen  personas e instituciones que nos apoyan en la consecución de nuestros objetivos. Conocen nuestro programa,  la forma de llevarlo a cabo y no tienen reparos en reconocerlo de forma explícita.